Por: Cristóbal C. Carrión H.*
A nivel global, el turismo genera cerca del 10% del Producto Interno Bruto (PIB) y brinda empleo a una de cada diez personas. Para muchos países en desarrollo, pequeños Estados insulares y naciones africanas, representa una fuente esencial de ingresos, divisas y empleo. En 2024, el sector generó más de 348 millones de puestos de trabajo y aportó 11.1 billones de dólares al PIB mundial.
En el Caribe, el turismo sostiene hasta el 90.7% del empleo en islas como Antigua y Barbuda. En la Riviera Maya, esta actividad representa alrededor del 85% de la industria estatal y genera más de 450,000 empleos directos e indirectos, con un fuerte impacto en los servicios locales. Más del 70% de la población de sus municipios participa en sectores turísticos primarios y secundarios.
Sin embargo, pese a su peso económico, el turismo enfrenta amenazas crecientes. La pandemia provocó pérdidas globales de 2 billones de dólares solo en 2020, afectando especialmente a comunidades rurales. En el Caribe Mexicano, el huracán Wilma devastó la Riviera Maya en 2005, reduciendo la ocupación hotelera del 72% al 10% y generando pérdidas estimadas en 1,500 millones de dólares. Más recientemente, la llegada masiva de sargazo en 2025 paralizó playas enteras, con la recolección de 1,465 toneladas tan solo en mayo, afectando ecosistemas clave y la actividad turística.
En este contexto, la resiliencia del turismo se entiende como la capacidad de destinos, empresas y comunidades para adaptarse, resistir y recuperarse ante crisis como pandemias, desastres naturales o fluctuaciones económicas, manteniendo su viabilidad económica, social y ambiental. Apostar por un turismo resiliente y sostenible permite impulsar el crecimiento inclusivo, proteger el medio ambiente, fortalecer la cultura local y mejorar la calidad de vida de comunidades, mujeres, jóvenes y pueblos originarios.
Con este objetivo se conmemora cada 17 de febrero el Día Mundial de la Resiliencia del Turismo, proclamado por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 2023. La iniciativa busca promover estrategias alineadas con los Objetivos de Desarrollo Sostenible, fortaleciendo la capacidad del sector para gestionar crisis, innovar y avanzar hacia modelos más responsables.
En 2026, México inicia el año con una perspectiva turística prometedora: su participación como país invitado en FITUR y la celebración del Mundial de Fútbol auguran un aumento en la afluencia de visitantes. Será, al mismo tiempo, una oportunidad clave para aplicar estrategias que protejan los recursos naturales, sociales y culturales, y aseguren que el crecimiento no comprometa el equilibrio ecológico y económico. De ello dependerá que la resiliencia turística deje de ser solo un concepto y se convierta en una práctica real.
*Maestro en ciencias y biólogo.
Divulgador de la ciencia, articulista y ex director del Planetario Sayab.
Consultor ambiental.
Un apasionado del conocimiento y de su exploración.
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