Por: Cristóbal C. Carrión H.*
Todos los seres vivos formamos parte de la biósfera, que incluye a la atmósfera, una mezcla gaseosa compuesta principalmente por nitrógeno (78%) y oxígeno (21%), además de otros gases como argón, vapor de agua, ozono, metano y dióxido de carbono (CO₂). Aunque estos gases secundarios representan apenas el 1% de la composición atmosférica, han sido fundamentales para el desarrollo de la vida al regular la temperatura del planeta mediante el efecto invernadero y proteger a los organismos de radiaciones peligrosas como la ultravioleta.
El efecto invernadero es un proceso natural en el que ciertos gases atrapan el calor reflejado por la superficie terrestre, manteniendo una temperatura promedio de 15 °C, en lugar de los –18 °C que existirían sin ellos. Entre los principales gases responsables se encuentran el CO₂, el vapor de agua, el metano y el óxido nitroso, que absorben la radiación infrarroja y elevan la temperatura de la atmósfera.
El CO₂ se ha generado de forma natural durante millones de años a través de procesos biológicos, geológicos y atmosféricos, como la respiración de los seres vivos, las erupciones volcánicas y la meteorización de rocas. Estas emisiones se mantuvieron en equilibrio con los sumideros naturales, como la fotosíntesis y la absorción en los océanos, conservando niveles estables de alrededor de 280 ppm hasta antes de la industrialización.
Sin embargo, a partir de la Revolución Industrial, las emisiones antropogénicas de CO₂ aumentaron de manera significativa debido a la quema de combustibles fósiles, el transporte, la deforestación y la actividad industrial. Actualmente, los niveles superan las 420 ppm, el máximo registrado en millones de años, y el CO₂ es responsable del 75% del calentamiento global, según el IPCC.
Este aumento ha provocado un incremento de 1.1 °C en la temperatura global, con graves consecuencias como la acidificación de los océanos, la desertificación y el aumento de eventos climáticos extremos. Frente a este escenario, la comunidad internacional ha impulsado acuerdos como el Protocolo de Kioto y el Acuerdo de París, promoviendo acciones para reducir las emisiones.
En este contexto, la Asamblea General de las Naciones Unidas declaró el 28 de enero como el Día Mundial por la Reducción de las Emisiones de Gases de Efecto Invernadero, con el objetivo de sensibilizar a la sociedad sobre la urgencia de actuar y reducir las emisiones de CO₂ para proteger el futuro de todas las formas de vida en la Tierra.
*Maestro en ciencias y biólogo.
Divulgador de la ciencia, articulista y ex director del Planetario Sayab.
Consultor ambiental.
Un apasionado del conocimiento y de su exploración.
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