Cada 30 de agosto se celebra el Día Internacional del Tiburón Ballena, una fecha que busca visibilizar la importancia de conservar a este gigante marino que, año tras año, recorre miles de kilómetros en busca de alimento y temperaturas ideales. En las costas del Caribe Mexicano, su llegada marca una de las temporadas más esperadas por quienes viven en estrecha relación con el mar.
Imponente y sereno, el tiburón ballena puede superar los doce metros de largo y las veinte toneladas. Sin embargo, su presencia no intimida. Lejos de lo que su nombre sugiere, no es un tiburón agresivo ni una ballena: es el pez más grande del mundo, y se alimenta filtrando plancton y pequeños organismos como un coloso pacífico que recorre estas aguas con calma, como si escuchara otro ritmo del océano.
En México, se lo observa principalmente cerca de Isla Holbox, Isla Mujeres y Contoy, entre mayo y septiembre. Durante esta temporada, la región se convierte en uno de los mejores lugares del mundo para nadar junto a él. Ver su desplazamiento lento, su piel cubierta de manchas como una constelación marina, nos recuerda que aún existen formas de habitar el mundo con asombro y respeto.
Pero esa experiencia que emociona también exige compromiso. El tiburón ballena está en peligro de extinción, según la UICN. Enfrenta amenazas como pesca ilegal, colisiones con embarcaciones, contaminación y el impacto del cambio climático en sus rutas migratorias.
Por eso, si participas en un tour de avistamiento, es clave hacerlo con operadores responsables. Las embarcaciones no deben acercarse demasiado ni rodear al animal. Está prohibido tocarlo, alimentarlo o interferir en su ruta. El número de personas por grupo es limitado, con tiempos breves de interacción para evitar estrés. También debe regularse el uso de bloqueadores solares, ya que muchos son altamente contaminantes.
Elegir operadores certificados, seguir las indicaciones de los guías y priorizar el bienestar del animal es parte de una nueva forma de viajar: más consciente y atenta al equilibrio marino.
El tiburón ballena no busca protagonismo, simplemente atraviesa el océano como lo ha hecho por millones de años. Pero su presencia serena, nos recuerda la urgencia de cuidar aquello que no tiene voz. Y este día, más que una celebración, es una oportunidad para escuchar con atención lo que el mar intenta decirnos.
Foto: Elianne Dipp